domingo 24 de febrero de 2008

La Falacia del Financiamiento de La Cultura.

Jorge Alberto Collao
Enero 2008

La conclusión que he sacado después de tantas décadas vinculado al quehacer cultural y por mas que me he devanado los sesos, no puedo sino concluir que el arte, la cultura, no deben ser financiados. Pero, frente a tanto activista cultural, poeta, escritor o creador, haciendo fila en las arcas del Estado o de algún generoso mecenas, no me queda más que reírme y continuar mi camino. Mi conclusión es simple: cuando una expresión cultural o artística se transforma en mercancía, pierde inevitablemente su poder de proceso comunicante para volverse símbolo estanco, mutilado de su enorme carga de futuro para los hombres y mujeres del mundo. El arte convertido en mercancía[1] –que no tiene que ver aquí con esa crítica barata al mercado- sino con lo que implica ser un producto transable: la estratificación de sus características, su estandarización, su delimitación en los marcos de lo transable y, por lo tanto, su cosificación definitiva y abrumadora. El arte sin embargo, no puede nunca someterse, limitarse, dejar de ser proceso, matar su mágica fisiología, dejar de ampararse en su infinita indeterminación[2]. Eso es para mi el arte y la cultura, y de esto no se escapa ni un rayado en algún baño como las pinturas de Van Gogh. Entonces, cuando compras, segregas, pero también cuando subvencionas, segregas. Todo cuanto pueda considerarse como mediación entre al arte y la cultura y el publico, comete ese pecado y quizá por ello no puede escaparse de las críticas que pueden venir de cualquier lado. Para mi el arte no debiese ser ni financiado, ni comprado, ni subvencionado, sino liberado[3].

Alguna vez, a pocos años de haber terminado la dictadura me encontraba yo conversando con un grupo de jóvenes que hacían teatro callejero, y me contaban que esa expresión escénica se moría poco a poco. Entonces creía yo que era el fervor antidictatorial el que alentaba estas expresiones artísticas pero ellos me explicaban: “nosotros hacemos arte. Durante la dictadura salimos a la calle a buscar a la gente y no teníamos ningún problema en presentarnos en cualquier lugar. Recorrimos todo Chile. Solo se nos complicaba cuando se aglomeraba demasiada gente y los pacos se ponían nerviosos. Algunas veces nos detuvieron pero al par de horas ya estábamos libres. Ahora, en democracia, ya ni podemos usar las calles porque la ley dice que debemos pedir autorización a los vecinos ¿y como vamos ha hacer eso en cada nueva ciudad en que nos presentamos? Entonces si vienen los carabineros y nos piden ese documento, si no lo tenemos, violamos la ley y eso significa arresto y cárcel”[4]. Pensado así, entonces cobra sentido que el arte sea más bien liberado de ataduras, más que subvencionado.

Otra anécdota que parece mas bien un chiste, es la otra cara de la medalla: la pintura más cara de la historia es hasta ahora “Number 5” de Pollock. Si, está bien, Pollock era un genio atormentado, pero 140 millones de dólares por una obra de este tipo no creo que se justifique en absoluto, y mas todavía cuando ahora pertenece a un solo hombre, al empresario mexicano, David Martínez, y a su círculo mas cercano. También, esta pintura debiese ser liberada de su cautiverio[5].

Esta podrá ser una afiebrada y parcial opinión de quien ve el problema de manera absolutamente interesada; soy poeta, escritor, dibujante, qué se yo, y como retumban mis oidos con aquella excelente frase con que Galeano describia el problema hace varias decadas ya: “no navega el bote porque no hay mar”. Faltan las aguas de la libertad.

Y si la UNESCO declaró sobre la cultura en 1982 “...que la cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden” (UNESCO, 1982: Declaración de México) entonces, ¿Por qué ponemos el acento ahí dónde no lo tiene?, ¿Por qué solazarnos en esta especie de racismo donde el color de la piel es reemplazado por la cantidad de divisas?

El arte, y sobre todo la cuestión de la cultura, es hoy por hoy uno de los temas mas relevantes del proceso de la globalización, donde se ha venido aprendiendo sobre el rol de la cultura para la historia de los hombres[6]. Y en fin, desde el punto de vista que las abordemos, el reto parece ser entregarnos a ella y flotar sobre ese oleaje que nos lleva hacia algún punto del distante futuro, donde toda direccionalidad huele siempre a algún tipo de fascismo mental. Quizá por eso prefiero la calle a los museos. El arte y la cultura son cosas vivas y vivientes. No las metamos en un frasco ni le construyamos un zoológico. Vivir el arte y la cultura es vivirse a si mismo, pertenecerse, y eso parece bastante peligroso en un mundo con tantos y tan poderosos intereses creados. Cuando nos rechazamos a nosotros mismos, entonces lo que nos viene de fuera nos reemplaza nuestra propia imagen y el valor que debiese tener nuestro yo-colectivo e individual, valorizado en su materialidad, y no en su espiritualidad. Hoy, pareciera que toda creación debiese repetir cánones y esteriotipos, y cubrir determinadas zonas de la simbología culturalista, porque lo nuevo e innovador o es pura barbarie, o francamente delictual. ¿Quién se atreve a crear así? Victor Jara cantó una vez, que el hombre es un creador. Y no se puede crear sin espacio, sin aire, sin libertad aunque en las manos no tengas nada; Violeta llenó el Louvre con alambre y pedazos de lana. Crear no es cuestión de costo, sino de aire.












[1] Dentro del tipo de ideas introducidas por Steward, cabe señalar el materialismo cultural propugnado por Marvin Harris y otros antropólogos estadounidenses. Esta corriente puede ser asimilida a una forma de ecofuncionalismo en el que se encajan ciertas divisiones introducidas por Marx. El materialismo cultural entiende que la evolución cultural y la configuración de las sociedades dependen básicamente de condiciones materiales, tecnológicas e infraestructurales. El materialismo cultural establece una división tripartita entre grupos de conceptos que atiende a su relación causal. Esas grupos se llaman infraestructura (modo de producción, teconología, condciones geográficas,...) estructura (modo de organización social, estructura jerárquica,...) y supraestructura (valores religiosos y morales, creaciones artísticas, leyes,...)..

[2] Roy Rappaport introdujo en la discusión de lo social la idea de que la cultura forma parte de la misma biología del ser humano, y que la evolución misma del ser humano se debe a la presencia de la cultura. Señalaba que... “...superorgánica o no, se debe tener presente que la cultura en sí pertenece a la naturaleza. Emergió en el curso de la evolución mediante procesos de selección natural diferentes sólo en parte de aquellos que produjeron los tentáculos del pulpo […] Aunque la cultura está altamente desarrollada en los hombres, estudios etológicos recientes han indicado alguna capacidad simbólica entre otros animales. […] Aunque las culturas pueden imponerse a los sistemas ecológicos, hay límites para esas imposiciones, ya que las culturas y sus componentes están sujetos a su vez a procesos selectivos.

[3] Así mismo Michel Foucault en el conocido debate de noviembre de 1971 en Holanda con Noam Chomsky, respondiendo la pregunta de que si la sociedad capitalista era democrática, además de contestar negativamente, argumentando que una sociedad democrática se basa en el efectivo ejercicio del poder por una población en la que nadie esté dividido u ordenada jerárquicamente en clases, sostiene que de manera general todos los sistemas de enseñanza, los cuales aparecen simplemente como trasmisores de conocimientos aparentemente neutrales, están hechos para mantener cierta clase social en el poder, y excluir los instrumentos de poder de otras clases sociales.

[4] Louis Althusser propuso que el ámbito de la ideología (el principal componente de la cultura) es un reflejo de los intereses de la élite, y que a través de los aparatos ideológicos del Estado se reproducen en el tiempo.

[5] Antonio Gramsci llama la atención a la hegemonía, un proceso por medio del cual, un grupo dominante se legitima ante los dominados y los dominados terminan por naturalizar y asumir como deseable la dominación.

[6] Ahí están las recopilaciones de Riazanov sobre la teoría de la cultura desarrollada por Marx, en palabras de Geertz “La gran aportación del marxismo en el análisis de la cultura es que ésta es entendida como el producto de las relaciones de producción, como un fenómeno que no está desligado del modo de producción de una sociedad. Asimismo, la considera como uno de los medios por los cuales se reproducen las relaciones sociales de producción, que permiten la permanencia en el tiempo de las condiciones de desigualdad entre las clases”

Canon de la Poesía del Norte De Chile.

"Ahora cuando empieza el nuevo siglo me llama la atención; por ejemplo, la antología de jóvenes poetas realizada por Osvaldo Ángel, me llama la atención la nueva propuesta de género en lo estético y ético que hacen algunas mujeres del Norte; me llama la atención que todavía algunos otros poetas de los '80 persistan, cuando despunten ya los del ´90, lo que puede hacer crecer ¡como nunca antes¡ la poesía en el Norte. Del ´90 hacia delante destacan: Julio Miralles, Ana Leyton, Jorge Collao, Eloy Nédito, Carola Pizarro, Andrés Pulgar, Manuel Tapia, Guillermo Gálvez, Nancy Mendoza, Sebastián Villalobos, Osvaldo Ángel, Juan Malebrán, Víctor Santoro, Markos Quisbert, etc."

CANON DE LA POESIA EN EL NORTE DE CHILE
http://www.letras.s5.com/av170505.htm