sábado 20 de septiembre de 2008
LECTURA EN EL ANFITEATRO EL CORTIJANO.
Santiago no es una ciudad fácil para mi. La invitacion de Oscar Saavedra y la gente de "Descentralización Poética" para realizar una lectura colectiva no fue fácil de aceptar, tanto por las distancias, como por la premura del tiempo, y porsupuesto, la malditez del transantiago. Fuese como fuere, emprendí el reto desde Pudahuel hasta Conchalí, en territorios completamente desconocidos, desgraciadamente llegué atrasado (lo cual jamás es mi costumbre) pero la cosa aún no empezaba. Finalmente, casi sin presentaciones, rodeados de una deliciosa informalidad, pude escuchar la voz de Elvira Hernandez, José Angel Cuevas, Eli Neira, Oscar Saavedra, Mauricio Huenún, Jordi Lloret, y algunos otros chicos que ahora no recuerdo, y después fue mi turno: saludé y leí algunos textos de Benito Cortés y Samuel Núñez, y después cerré con algunos textos mios. No alcancé -desgraciadamente- a disfrutar del video que cerraba la presentación y emprendimos el regreso, con mi compañera y mi hijo hasta Pudahuel, resufriendo el transantiago. Entré y salí de aquella presentación, casi como un rayo. No hubieron conversaciones ni charlas dilatadas por el ocre sabor del vino, sino velocidad concreta, extendida en el diálogo digital de estas nuevas modernidades. Pero me quedé, finalmente, con el dulce sabor de la amistad que sobrepasa las palabras y hasta los significados, en un extraño dialogo de silencios y distancias, que solo saben hablar los que aman la poesía.
viernes 5 de septiembre de 2008
COMO CANTO DE BALLENAS.
No seria extraño
Que el cielo se nos cayera a pedazos
Mientras fumamos
A la orden del día está
El silencio
De los inocentes
Como el arco sobre las cuerdas
Del violín
La navaja
Sobre la garganta.
Y caí
Por haber admirado el desafío
Había que jugársela
Qué era el premio
Si no saber porqué
Tanta tristeza.
Nosotros, enumerados,
Del uno hasta la muerte
Unos decorados a balazos
Otros con jeringas porfiadas
Tratando la vida
O distrayéndola
Qué fracaso, qué risotada.
Una chica de mangas exageradamente largas
Desnuda
De la cintura para abajo
Rodeándonos un mar tan frío
Como tu último y artero beso
¿No te admiran mis manos...
Claveteadas?
Y ahí estaba yo, como el capitán de un barco
Desvencijado, bamboleándome
Al ritmo del sexo, extasiado
Viéndome rodeado de acorazados furiosos
Acerados, metálicos, brillantes:
Pero la madera flota.
¿Qué guerrero monta el ave
Con piel de mujer?
El aire canta bajo sus alas.
El oleaje embravecido casi
Salpica la ira que relumbra
En su armadura. Los cielos le sostienen
Por milagro. En algún otro lugar
Quien aún no nace, recita
Estas memorias.
Oyash niskah
Eliem bikur aharied
No' tah
Ukhim bieral noskah.
(El que viene no estará
sino en la memoria de la muerte).
Como un eco
De canto de ballenas
Los misterios insondables
Nos guiñan el átomo
Que alguna vez, antes del tiempo
Anidó
En el aliento frágil y efímero
De nuestros corazones.
Y al final nos queda
Una dolorosa sensación de eternidad:
Un anciano hecho de silencio
Alimentando palomas
En el parque del olvido.
Que pequeño segundo más glorioso.
Que el cielo se nos cayera a pedazos
Mientras fumamos
A la orden del día está
El silencio
De los inocentes
Como el arco sobre las cuerdas
Del violín
La navaja
Sobre la garganta.
Y caí
Por haber admirado el desafío
Había que jugársela
Qué era el premio
Si no saber porqué
Tanta tristeza.
Nosotros, enumerados,
Del uno hasta la muerte
Unos decorados a balazos
Otros con jeringas porfiadas
Tratando la vida
O distrayéndola
Qué fracaso, qué risotada.
Una chica de mangas exageradamente largas
Desnuda
De la cintura para abajo
Rodeándonos un mar tan frío
Como tu último y artero beso
¿No te admiran mis manos...
Claveteadas?
Y ahí estaba yo, como el capitán de un barco
Desvencijado, bamboleándome
Al ritmo del sexo, extasiado
Viéndome rodeado de acorazados furiosos
Acerados, metálicos, brillantes:
Pero la madera flota.
¿Qué guerrero monta el ave
Con piel de mujer?
El aire canta bajo sus alas.
El oleaje embravecido casi
Salpica la ira que relumbra
En su armadura. Los cielos le sostienen
Por milagro. En algún otro lugar
Quien aún no nace, recita
Estas memorias.
Oyash niskah
Eliem bikur aharied
No' tah
Ukhim bieral noskah.
(El que viene no estará
sino en la memoria de la muerte).
Como un eco
De canto de ballenas
Los misterios insondables
Nos guiñan el átomo
Que alguna vez, antes del tiempo
Anidó
En el aliento frágil y efímero
De nuestros corazones.
Y al final nos queda
Una dolorosa sensación de eternidad:
Un anciano hecho de silencio
Alimentando palomas
En el parque del olvido.
Que pequeño segundo más glorioso.
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