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viernes 17 de junio de 2011

APHRA BEHN: UNA PRECURSORA CASI OLVIDADA.



«Todas las mujeres deberían llevar flores a la tumba de Aphra Behn”

Virginia Woolf

«Con qué frivolidad pisa el escenario Astrea, / que sitúa absolutamente a todos sus personajes en la cama.»
Alexander Pope

“El amor deja de ser un placer, cuando deja de ser secreto”

Aphra Behn


Durante el Interregno inglés y el dominio de Oliver Cromwell, prevaleció la literatura de inspiración puritana, que estuvo acompañada por una censura intermitente que afectó, por ejemplo, a la polémica obra Areopagitica de John Milton en 1644. Aunque algunos de los ministros puritanos de Cromwell escribieron poesía, ninguna de las obras se publicó. Esto explica que muchos poetas esperaran a la Restauración para publicar sus obras, escritas durante el interregno. Sin embargo, la ruptura oficial del protectorado de Cromwell con el mundo de las letras, mediante la censura y el modelo moralista radical, provocó una brecha en la tradición literaria inglesa.

Antes de la primera revolución inglesa dominaban los versos refinados y la poesía metafísica de autores como John Donne, George Herbert o Richard Lovelace. El teatro conservaba el gusto por el estilo isabelino y shakesperiano y se habían empezado a escribir más obras con contenido político. La llegada del interregno puso freno, o como mínimo censura, a estas líneas de influencia, permitiendo un inicio innovador para las obras de la restauración.

Los últimos años del interregno fueron especialmente turbulentos, igual que lo fue más tarde la decadencia de la restauración. A aquellos que no aceptaban el exilio se les "sugería" un cambio de creencias religiosas. A cada credo le correspondía una actividad literaria distinta en poesía y prosa, ya que los teatros se cerraron durante este periodo. Al morir Cromwell, su hijo, Richard Cromwell, parecía destinado a convertirse en el nuevo Lord Protector; tanto los políticos como otras figuras públicas mostraron su descontento o su aprobación hacia el nuevo régimen. La literatura impresa estuvo dominada por las odas en poesía y los escritos religiosos en prosa. A pesar de los esfuerzos del poder, la difusión de tratados religiosos no se debilitó, llegando a convertirse en una auténtica industria. Personajes como George Fox, fundador de la Sociedad Religiosa de los Amigos fueron encarcelados por las autoridades cromwellianas aunque siguieron publicando desde la clandestinidad.

Durante el interregno, las fuerzas leales al difunto Carlos I partieron al exilio, llevándose al futuro Carlos II, que por aquel entonces tenía 20 años de edad. En el extranjero, los partidarios del rey iniciaron una serie de actividades para conseguir apoyos políticos y económicos con vistas a un posible retorno a Inglaterra. Algunas damas de la causa realista se instalaron en conventos franceses o de las Provincias Unidas para ofrecer un refugio seguro a todos los aliados que se encontraban de paso o a los pobres. Los hombres se confinaron también en estos dos países siguiendo a la corte en el exilio, primero en La Haya y luego en París. Así pues, la nobleza fiel a Carlos II residió durante más de una década en los principales centros culturales y literarios de Europa. La Francia absolutista y la Holanda del siglo XVII tenían muy poco en común, las influencias recibidas por los cortesanos en el exilio y por los realistas en busca de apoyos fueron muy diversas. Carlos asistió a numerosas representaciones teatrales en Francia y desarrolló un gusto especial por las obras escritas en español. Por su parte, los aristócratas instalados en las Provincias Unidas aprendieron las virtudes de los intercambios comerciales y pudieron estudiar las obras racionalistas que circulaban por ese tolerante país. Por ejemplo, John Bramhall, un entusiasta teólogo anglicano, se unió en el exilio a exaltados debates con el materialista Thomas Hobbes y se demostró que, en la práctica, era tolerante hacia los cultos reformados, algo que parecía, en teoría, imposible. Finalmente, los cortesanos estuvieron expuestos a la liturgia elaborada por la Iglesia Católica así como, en menor medida, a la poesía italiana.

En este ámbito bien definido, conocido como la Restauración inglesa (1660-1689), surge entonces una literatura escrita en inglés y que corresponde a los últimos años del reinado de la casa de Estuardo en Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda. El término Literatura de la Restauración hace referencia a una serie de obras, con un estilo relativamente homogéneo, que se centran en la celebración o rechazo hacia la restaurada corte de Carlos II. Engloba obras en algunos casos totalmente opuestas: El paraíso perdido de John Milton al lado de Sodoma de John Wilmot o la comedia de William Wycherley La esposa del campo al lado de la austeridad de El progreso del peregrino de John Bunyan.

Esta época, de gran efervescencia cultural, fue también la de la creación de la Royal Society, de los experimentos y meditaciones de Robert Boyle y la de los ataques del obispo Jeremy Collier contra el teatro. La prensa escrita empezaba a generalizarse, mientras que el ensayo y la crónica se convertían en formas literarias en expansión al tiempo que la economía bursátil hacía su aparición.

Los límites cronológicos de este periodo no son más que una convención y varían de forma significativa según el género literario del que se trate. El teatro de la Restauración, por ejemplo, conserva una influencia dominante hasta 1700, mientras que la poesía declina a partir de 1666 con la publicación del poema Annus Mirabilis de John Dryden. La crisis de la prosa se produjo a partir de 1688 después de las tensiones creadas por la Revolución Gloriosa y por el aumento de la importancia del periodismo y los periódicos. De manera más general, el término "restauración" se utiliza para designar la literatura escrita durante el reinado de Carlos II cuyos textos son odas celebrando el retorno de una aristocracia regenerada, textos escatológicos inspirados por la desesperación de la comunidad puritana o textos en inglés simple destinados a apoyar la expansión creciente del imperio comercial inglés por todo el mundo.

Resulta imposible datar los inicios de la novela inglesa. Sin embargo, fue durante la Restauración cuando empezaron a distinguirse de otros géneros literarios las largas obras de ficción y las biografías ficticias. El Orlando Furioso de Ludovico Ariosto inspiró en Inglaterra una serie de textos en prosa sobre temas como el amor, el peligro o la venganza. Importados de Francia, las novelas de Gautier de Costes conocieron también una gran popularidad a partir del interregno.

La novela estaba considerada aún un género típicamente femenino y las mujeres veían como un defecto leer novelas. El hecho de que se leyeran en francés o se tradujeran de este idioma les daba un cierto carácter afeminado. Sin embargo, las novelas fueron poco a poco trasladándose hacia temas menos tradicionales, centrándose en personajes más cotidianos como los de la novela picaresca. Una de las figuras esenciales en el auge de la novela fue Aphra Behn. No fue sólo la primera escritora profesional sino que también fue la primera novelista profesional.

La primera novela de Behn, Love Letters Between a Nobleman and His Sister, se publicó en 1684. Se trataba de una novela epistolar sobre los escandalosos amores de un aristócrata con la hermana de su esposa. La obra, aún y poseyendo una fuerte dosis de romanticismo, presentaba también aspectos políticos y sexuales explícitos. La autora organiza la novela en dos partes, redactadas en dos estilos completamente distintos. Behn escribió por otra parte una serie de “Historias” sobre personajes ficticios como por ejemplo History of a Nun. Su novela más famosa es, sin embargo, Oroonoko, publicada en 1688. La obra, en la que el protagonista es un africano convertido en esclavo en Surinam, cuenta una historia de amor trágico, inspirada por las numerosas experiencias vividas por la autora en las colonias de Sudamérica. Las novelas de Aphra Behn muestran una cierta influencia de la tragedia y de su experiencia como dramaturga. Más tarde, las novelas de Daniel Defoe adoptaron un aspecto narrativo idéntico, aunque la formación periodística del autor le inclinó por el relato de historias reales.

La Restauración fue una época dorada para la poesía. Además de ser el género literario más popular de la época, fue también el más significativo ya que los poemas trataban a menudo temas políticos, reflejando fielmente su tiempo. Se trataba de una época dominada por la figura del rey no por la de un genio. A lo largo del periodo, la poesía se desarrolló en diversas formas que iban desde las epopeyas a la poesía histórica.

Ya antes de la introducción de la crítica neoclásica que caracteriza la Restauración, los poetas ingleses habían tomado conciencia de que su país carecía de una auténtica epopeya nacional. La Reina de las hadas de Edmund Spenser tuvo una cierta notoriedad a finales del siglo XVI pero no se la podía considerar como una auténtica epopeya nacional como podían ser en Francia El Cantar de Roldán, en España el Cantar de mio Cid o incluso La Eneida en Italia. Fueron muchos los poetas que intentaron terminar con esta carencia literaria.

William Davenant fue el primer poeta de la Restauración en abordar el género de la epopeya. Su obra Gondibert, que alcanza las dimensiones épicas, fue altamente apreciada por Thomas Hobbes. La obra se presentaba en forma de balada, y tanto los demás poetas como las críticas condenaron esta decisión al juzgarla poco apropiada para describir actos heroicos. Los prólogos escritos para Gondibert demuestran las dificultades e incertidumbres para encontrar una estructura épica formal, y dan indicaciones preciosas sobre cómo se veían los escritores de este primer periodo en relación a la literatura clásica.

Aunque se haya estudiado fuera del contexto de la Restauración, El paraíso perdido de John Milton fue publicado durante esta época. Milton, al igual que Davenant, deseaban ofrecer a Inglaterra una epopeya y escribió su obra en versos blancos. El paraíso perdido rechaza, sin embargo, el excepcionalismo inglés y pretende contar toda la historia de la humanidad, dando un valor más destacado al cristianismo que a cualquier pertenencia nacional.

Por otra parte, Milton había iniciado la escritura de otra epopeya relatando la leyenda del rey Arturo, considerado como el gran fundador de Inglaterra. Este proyecto, que Milton terminó abandonado, fue reiniciado por otros autores. Richard Blackmore escribió Prince Arthur y King Arthur. Ambas obras eran largas, soporíferas y fueron rechazadas tanto por la crítica como por el público. Su estilo era tan largo que se le llegó a poner el sobrenombre de “Blackmore sin final” (Never-ending Blackmore). Años más tarde, Alexander Pope también ridiculizó a Blackmore en su obra The Dunciad.

El periodo de la Restauración terminó pues sin una auténtica epopeya inglesa. Beowulf puede atribuirse ese título pero la obra no era conocida por los autores de la Restauración. Además, el inglés antiguo en el que está escrito les habría resultado totalmente incomprensible.

La poesía lírica, aquella en la que el poeta expresa en primera persona sus propios sentimientos y su estado de ánimo, no fue especialmente popular durante la Restauración. Los autores preferían otras formas de expresión poética, generalmente más formales y más cercanas al público, como por ejemplo las odas y la poesía pastoril. Una de las características del periodo es la desvalorización del sentimiento íntimo en favor de la expresión pública y de la filosofía, más abstractas y objetivas. El lirismo que aparecerá años más tarde en la poesía melancólica y prerromántica del siglo XVIII aún estaba en estado embrionario durante la Restauración y afectó, principalmente, a la poesía pastoril.

Desde el punto de vista formal, el periodo tiene sus preferencias en cuanto a rimas. De todas las estructuras posibles, el pentámetro yámbico y la copla fueron las más populares. La moda del clasicismo no llevó a los poetas a intentar adaptar la poesía latina y sus ritmos, aunque el pentámetro yámbico conservó casi el monopolio. Según explica John Dryden, en su prefacio de la obra The Conquest of Granada, la rima en pentámetro yámbico tiene la dignidad apropiada para un tema elevado, permitiendo al mismo tiempo un enunciado completo y coherente. Dryden evoca aquí lo que las críticas denominaron más tarde la cuestión del “decoro”, es decir, la armonía de la forma y del sujeto, un problema que Davenant encontró mientras escribía su Gondibert. La solución de Dryden fue la de combinar el ritmo del pentámetro yámbico con un mínimo de encabalgamiento y aplicarlo formando un dístico cerrado (closed couplets) consiguiendo así unos pareados que tienen sentido por sí solos, sin necesidad de los siguientes. El resultado obtenido recibió el nombre de “dístico heroico” (heroic couplet) ya que resultaba adecuado sobre todo para los temas que requerían una mayor seriedad. Algunos autores reaccionaron en contra del dístico heroico burlándose de este ritmo: Samuel Butler en su Hudibras utilizó una parodia substituyendo los pentámetros por tetrámetros. Esta nueva forma fue bautizada como “versos hudibrásticos” y tuvieron gran aceptación, sobre todo en el mundo de la sátira. Jonathan Swift empleó este tipo de composición en muchos de sus poemas.

Aunque el paso del tiempo haya destacado a Dryden como figura principal del periodo, los contemporáneos de los años 1670 y 1680 consideraban por igual a todos los poetas cortesanos, donde el jefe indiscutible era entonces Edmund Waller. Además de Dryden, la poesía estaba dominada por el conde de Rochester, el duque de Buckingham y el conde de Dorset, todos ellos ligados a la corte de Carlos II. Por su parte, Aphra Behn, Matthew Prior y Robert Gould eran de origen plebeyo, pero no por ello menos fervientes realistas. Los poetas de la corte no seguían un estilo específico, aunque sus escritos se caracterizan por una sexualidad asumida y por una voluntad de ridiculizar y dominar a sus adversarios mediante las agudezas. Cada uno de estos poetas escribió también obras para el teatro. Las obras de Behn, Dryden, Wilmot y Gould merecen una especial atención. Sus obras Absalon and Achitophel y Religio Laici fueron de gran ayuda para Carlos II al presentar como lógicas algunas decisiones reales cuestionables.

Dryden fue especialmente prolífico y escribía tan deprisa que llegó a acusarse de “plagiarse a sí mismo”. Los géneros poéticos con los que trabajó son incontables: tanto antes como después de recibir el galardón de poeta laureado, escribió de forma regular odas públicas. Siguiendo los pasos de Walter Raleigh y Philip Sidney, utilizó también un estilo pastoril que recuerda a la poesía que se realizaba durante el reinado de Jaime I. Pero Dryden se caracterizó principalmente por sus obras apologéticas, destinadas a defender la monarquía restaurada así como a la iglesia de Inglaterra. Sus obras Absalon and Achitophel y Religio Laici fueron de especial ayuda para Carlos II, al presentar como razonables algunas decisiones reales controvertidas. A pesar de su reputación de seriedad, John Dryden se interesó también en la parodia heroica y escribió MacFlecknoe. Dryden, que no era de sangre noble, no se benefició jamás de los honores prometidos por el rey ni fue recompensado por los préstamos que le hizo al monarca. Sin embargo, durante toda su vida fue leal a Carlos II, actuando al mismo tiempo con un cierto oportunismo: poco después del ascenso al trono de Jaime II y el retorno del favor al catolicismo, Dryden intentó glorificar la Iglesia Católica con su obra The Hind and the Panther, colocándola por encima de cualquier otra religión. Esta conversión gentil del poeta cortesano ocasionó que se escribieran diversas sátiras sobre el asunto.

El duque de Buckingham también practicó la literatura cortesana. Sin embargo, al igual que el conde de Dorset, fue más un protector de la poesía que un poeta. Por el contrario, el conde de Rochester fue un poeta prolijo que llenó su tiempo con versos escandalosos. Los textos de Rochester poseen casi siempre un carácter sexual explícito, siendo a la vez muy políticos. Mientras la Restauración sucedía al interregno de Cromwell, este tipo de actitud equivalía a una declaración política y una provocación hacia los puritanos. La obra de Rochester tiene un aspecto lírico; el autor afirmaba que escribía para consolarse de su propia impotencia sexual, aunque en realidad la mayoría de sus obras son parodias de las formas poéticas clásicas y autorizadas. Es el autor de un falso poema de viajes Ramble in St James Park, que utiliza la reputación de este parque londinense para advertir de los peligros y sorpresas que pueden esperar en la oscuridad a un hombre que sólo pretende copular. Rochester es también el autor de algunos poemas pastoriles y de falsas odas como la de To Signore Dildo que narra con una grandilocuencia absurda la quema pública de una caja con contrabando francés en los muelles londinenses. Gran hedonista y partidario de la superioridad del espíritu, Rochester poseía un gusto especial hacia los cambios de situación y la alteración del orden establecido. Su deshonestidad fue la causa de su muerte precoz; su persona se presenta muchas veces como el arquetipo del libertino en la época de la Restauración.

En esa época también, el teatro formaba parte de la política pública así como de las decisiones reales, por lo que se obligó a algunos dramaturgos a producir un determinado número de obras antiguas; a Davenant se le encargó específicamente que se encargara de obras moralistas y edificantes. También se reinstauró el premio honorífico de “poeta laureado” (Poet Laureate): remunerado con un barril de coñac, el premio requería de su beneficiario la composición de odas de cumpleaños.


Carlos II se enorgullecía de su espíritu y sus modales mundanos. También tenía la reputación de ser un mujeriego. Por eso, la poesía libertina y de temática sexual contaba con el beneficio de la corte. Carlos y el duque de York (el futuro Jaime II de Inglaterra), fueron grandes protectores de las matemáticas y de la filosofía, lo que favoreció un cierto escepticismo científico entre la aristocracia. Fue, en este contexto, en el que Carlos II fundó la Royal Society; esta prestigiosa institución atrajo a numerosos cortesanos, como el célebre cronista Samuel Pepys, enviando a cambio a muchos de sus eminentes miembros hasta la corte. Carlos y su corte, instruidos con dureza durante su exilio, practicaron una política de tolerancia hacia la disidencia política y las doctrinas religiosas. Aunque era anglicano, Carlos deseó en secreto convertirse al catolicismo poco antes de su muerte, y el duque de York presentaba las mismas tendencias criptocatólicas. A pesar de que la Test Act estuvo en vigor durante todo el reinado de Carlos, el rey fue poco propenso a encarcelar o perseguir a los puritanos. Se limitó a descartarlos de los cargos oficiales y empleos públicos y les privó también de toda representación parlamentaria. Esto provocó que se pudiera desarrollar una literatura disidente durante su reinado, tanto en ciencias políticas como en economía.

Con el regreso de la monarquía, los autores se escindieron en dos movimientos. Por un lado estaban los que intentaban reanimar el espíritu de la literatura inglesa que florecía durante el reinado de Jaime I como si no hubiera pasado nada; por otra parte, el creciente interés por la novedad llevó a numerosos escritores a acercarse al modelo literario francés, especialmente a la sátira y a la parodia. Esta evolución se hizo especialmente evidente por la introducción de una cierta dosis de escepticismo inquisidor en los textos y por la creciente influencia del clasicismo entre los autores y las críticas.

Es cierto que La restauración inglesa es un periodo histórico atípico ya que su actividad cultural estuvo delimitada por un acontecimiento político singular: el retorno de la monarquía de los Estuardo. Se trata entonces de una época en la que la presencia y la personalidad del rey influyeron hasta tal punto en la vida literaria que se puede casi afirmar que la literatura de la época es un reflejo de la corte. Paradójicamente, los adversarios a la Restauración, como los puritanos, los republicanos y los demócratas, escribieron también a influenciados por la personalidad de Carlos II. Desde un punto de vista analítico, la Restauración cubre un periodo de tiempo en el que el rey y sus costumbres ejercieron un impacto determinado sobre el resto de la sociedad. Este efecto se prolongó más allá de la muerte del monarca aunque en algunos géneros literarios empezó a extinguirse antes que el propio Carlos.

Como cuenta Javier Memba, antes de convertirse en la primera escritora profesional de la literatura inglesa, cuenta su leyenda que Aphra Behn se entregó a toda suerte de disipaciones, fue espía en Holanda, amante de varios prohombres de la Restauración, incluido el rey Carlos II, abanderada de la inmoralidad y autora de una veintena de comedias cuya influencia fue determinante en el naturalismo de Jean Jacques Rousseau. El término “restauración” se aplica tanto a los hechos que provocaron la restauración de la monarquía como al periodo inmediato a la subida al trono de Carlos II.

Aphra Behn, Poeta, dramaturga y novelista, fue la escritora más famosa y de mayor éxito de su época. Poco se sabe con seguridad de su vida: pasó algún tiempo en Surinam, escenario de su novela más conocida, Oroonoko (1688), sirvió como espía inglesa en Amberes, estuvo presa en una cárcel para insolventes en Londres... Hoy se la reconoce como una pionera de la independencia femenina y una figura literaria fundamental.

La desinhibición en sus relaciones privadas, que pronto se hacían públicas, el tratamiento de la sexualidad y el papel activo e independiente de las protagonistas de sus obras le acarrearon numerosas críticas y escándalos a la vez que la influencia necesaria para satisfacer su interés económico.

Aphra Behn, nació probablemente en julio de 1640 como segunda hija de Bartholomew Johnson, un humilde barbero, y Elizabeth Denham, y fue bautizada el 14 de diciembre; se discute mucho sin embargo su lugar y fecha de nacimiento. Fue llevada muy niña a la Guayana holandesa, en Surinam, donde asistió adolescente a varias rebeliones de esclavos, vivencias que luego plasmaría en su novela Oroonoko; al pasar Surinam a manos holandesas volvió a Londres a los dieciocho años (1658), y casó en 1664 con un comerciante alemán de apellido Behn, muy acaudalado, con lo que pudo alternar con la brillante y licenciosa sociedad de la Restauración. Su apellido de soltera, como tantas otras cosas referentes a ella, nos es desconocido. De lo que no hay duda es que fue su marido quien la introdujo en la licenciosa sociedad de la Restauración. El ingenio de la muchacha, que pasaba de cama en cama sin ningún rubor, no tardaría en llamar la atención. Así, tras la misteriosa muerte del esposo, Aphra llega a ser una de las mujeres más admiradas en los salones de postín.

Tras la oscura muerte de su marido a los tres años de matrimonio, llegó a alcanzar un éxito desmedido a causa de sus sonadas conquistas amorosas, entre ellas al parecer al mismo rey Carlos II, para el cual trabajó como espía en Amberes en 1666 durante la guerra con Holanda (1665-1667) bajo el nombre falso de Astrea, a cambio de una paga miserable. Pero la viudedad, además de la libertad precisa para sus licencias, también habría de acarrearle la pobreza. Corría el año 1670 cuando, sumida en la miseria, se vio impelida a ganarse la vida. Fue entonces cuando empezó a escribir.

Perdió su fortuna y al volver a Inglaterra pasó un breve tiempo en prisión por deudas, por lo que a partir de 1670 tuvo que sostenerse solamente de la literatura.

Pero la Aphra Behn que habría de pasar a la posteridad era la narradora, y no la autora dramática. "Oroonoko o el esclavo real", la novela que habría de procurarle la gloria literaria, es una historia tan avanzada a su tiempo como insólita en su propuesta. Publicada en 1678 y protagonizada por el príncipe heredero de un supuesto reino africano -Coramantien- es considerada la primera novela antiesclavista. Idealizando al salvaje como nadie lo había hecho hasta entonces, la escritora nos cuenta cómo Oroonoko, tras casarse con la bella Imoindia, es vendido junto a su esposa como esclavo. Separados por sus amos, el matrimonio volverá a unirse con posterioridad. Oroonoko capitaneará entonces una revuelta de esclavos. Capturado por sus enemigos, morirá entre terribles torturas.

El realismo que impregnaba aquellas páginas, primeras en las que se hablaba de una negra guapa, es un claro precedente del de Daniel Defoe. Pero Aphra Behn nunca llegó a tener noticia de su insigne discípulo: murió en Londres en 1689, quince años antes de que Defoe empezara a publicar sus primeros artículos en "The Review".

Oroonoko es un personaje verdaderamente carismático. Su autora lo presenta más como un habitante europeo que como un poblador africano. Todo esto hace referencia a la propia ambigüedad en la novela. ¿Es qué acaso Oroonoko era más inteligente, valiente y mejor? ¿Por qué se parecía a un habitante europeo? Toda esta clase de paradojas podremos escudriñarlas tal y como vamos avanzando en la novela. El lector podrá discernir sus propias ideas y opiniones. Muchos críticos hablan de que es una novela abolicionista, en contra de la esclavitud, y, de hecho, podremos ver como Aphra Behn da un protagonismo a esos esclavos que siempre habían aparecido mencionados en otras novelas de la época como simple relleno, pero no como personajes en sí, personas que sufrían y que querían librarse de un yugo opresivo.

El lenguaje de la novela es muy claro, las descripciones merecen una lectura obligada porque tienen una carga más allá de los propios adjetivos. El simbolismo, la ambigüedad y, por supuesto, la tremenda crudeza de algunas imágenes que son relatadas en la historia hacen que sea una novela de lectura obligada para aquellos que estén interesados en el tema.

Es una novela muy rápida de leer por su intriga. Te capta desde la primera hoja, por la historia de los protagonistas, por esa ambigüedad retratada, el tema de la esclavitud y las injusticias. El honor de los hombres de la corte, el sufrimiento de los esclavos, el sufrimiento del amor, son temas que se acercan irremediablemente a los sentimientos del ser humano y, por tanto, del lector. Es una novela que juega con un gran simbolismo, como lo es el cuerpo. Las escenas descritas de tortura son de una crueldad extrema. Si alguien quiere leer algo diferente, Oroonoko es la novela. Nos recordará a películas tan épicas como Braveheart y Gladiador, por la resistencia del personaje principal y por su situación, de noble a esclavo.

Behn fue la primera escritora profesional en la literatura inglesa, trabando amistad con escritores importantes como John Dryden; compuso una veintena de audaces comedias de argumento amoroso, poemas, dramas y novelas, entre las que destaca, por supuesto, Oroonoko o El esclavo real (1688), consideraba –como ya decíamos- la primera novela antiesclavista y donde se anticipa el realismo de Daniel Defoe, por lo que se considera además la madre de la novela inglesa. En esta obra subvierte las ideas de su tiempo sobre los pueblos "no civilizados", y muchos ven en ella la primera novela filosófica en lengua inglesa, antecesora del Emilio de Jean Jacques Rousseau. Lo que es indudable es que impulsó el desarrollo de la novela inglesa; además, proporcionó la base para la tragedia homónima del dramaturgo inglés Thomas Southerne (1695). También es interesante la primera parte de Love Letters Between a Nobleman and His Sister (1683), una novela epistolar en clave que es la primera en la literatura inglesa.

En 1688 publicó también dos relatos en prosa, The Fair Jilt y Agnes de Castro, esta última sobre el famoso tema de la desdichada muerte de la amante del rey de Portugal Inés de Castro. Entre sus colecciones de versos destacan Poems on Several Occasions (1684) y Miscellany (1685). Aphra Behn se dedicó también a hacer traducciones desde el francés y del latín al inglés.

Lo mejor de su arte se contiene sin embargo en sus comedias, entre las que destacan The Forc’d Marriage (1670), esto es, El Matrimonio Forzoso, Las Cortesanas Fingidas y The Rover, El Vagabundo, obra en dos partes fechadas en 1677 y 1681 respectivamente, donde narra las aventuras de un grupo de caballeros ingleses en Madrid y Nápoles durante el exilio de Carlos II. En su farsa El Emperador de la Luna (1687) se inspira en la Commedia dell Arte, haciendo avanzar el género de la pantomima moderna. También son importantes La madeja (1677, segunda parte 1681), La heredera (1682), una sátira de la vida londinense, y Golpe de suerte (1686), donde aborda uno de sus temas favoritos: el disparate que suponen los matrimonios de conveniencia. Alcanzó con estas obras patrocinadas por el duque de York un éxito formidable. Su cinismo y actitud desinhibida en cuestiones sexuales y su exaltación de la pasión y el placer la hicieron en extremo popular. En sus obras trata preferentemente la relación entre el sexo y el poder, tanto en lo personal como en lo político. Su actitud desenvuelta e independiente no se consideraba propia de una mujer, por lo que tuvo que soportar una cierta fama de libertina. Fue sepultada en la Abadía de Westminster, y posteriormente, Virginia Woolf reivindicaria su memoria en la obra Una habitación propia.

Obras

· The Forc’d Marriage (1670).

· Las Cortesanas Fingidas.

· The Rover, primera parte en 1677 y segunda en 1681.

· La madeja (1677), segunda parte (1681).

· La heredera (1682).

· Oroonoko o El esclavo real (1688)

· Golpe de suerte (1686).

· El Emperador de la Luna (1687).

· Poems on Several Occasions (1684)

· Miscellany (1685)

· Las fábulas del deseo y otros poemas.

· Love Letters Between a Nobleman and His Sister (1683).

· The Fair Jilt (1688).

· Agnes de Castro (1688).

Oroonoko sin embargo, forma parte de las novelas más antiguas escritas en lengua inglesa, y ocupa un sitio privilegiado en la Literatura de la Restauración inglesa.

Primera edición de Oroonoko de Aphra Behn

El título completo de la Obra es Oroonoko: o, el Esclavo Real. La novela habla de Oroonoko, el nieto de un rey africano, que se enamora de Imoinda, la hija del general superior de aquel rey.

El rey, también, se enamora de Imoinda. Él da a Imoinda el velo sagrado, ordenando así que se convirtiera en una de sus esposas (Aphra Behn representa a las tribus africanas como practicantes la poligamia). Después, de mala, gana pasaba su tiempo en el Harén del rey. Imoinda y Oroonoko planearon una cita con ayuda de los comprensivos Onal y Aboan. Sin embargo son descubiertos, y a causa de esto el rey decide vender a Imoinda como esclava. Oroonoko, también, es cogido en la trampa y capturado por el capitán maquiavélico de un buque negrero. Ambos presos son llevados a Surinam, que en la época era una colonia Inglesa del Caribe cuya economía estaba basada sobre las plantaciones de caña de azúcar. Oroonoko e Imoinda tienen la oportunidad de reencontrarse allí aunque con nombres cristianos Caesar y Clemene, pero la belleza de la joven chica suscita la codicia del diputado-gobernador, Byam.

Oroonoko resuelve organizar una rebelión de los esclavos: todos ellos son perseguidos por los soldados e invitados a rendirse cuando Byam les promete una amnistía. Sin embargo cuando los esclavos de rinden, Oroonoko es azotado. Deseando con ansia vengar su honor y expresar su cólera Oroonoko asesina al diputado-gobernador, sabiendo que sería buscado, encontrado y ejecutado. Por temor de que Imoinda tuviera que sufrir violencia o humillación después de su muerte, Oroonoko pretende matarla también; ambos amantes discuten sobre el plan que hay que seguir, e Imoinda le da su consentimiento. El amor que siente Oroonoko le impide matar a su amada, pero logra apuñalarla. Imoinda muere con una sonrisa en la cara. Oroonoko es atrapado y le impiden suicidarse. Sólo para ser eliminado por medio de una ejecución pública. Durante su muerte por desmembramiento, Oroonoko con calma se fuma una pipa y estoicamente resiste todo el dolor sin gritar.

Después de la muerte de Oroonoko, el imperio holandés asume la colonia y trata la sublevación matando sin piedad a los esclavos.

La novela fue escrita mezclando la primera y la tercera persona, relatando acciones en África y luego retratándose como un testigo de los sucesos que tienen lugar en Surinam. En la novela, el narrador se presenta a si mismo como una señorita que ha venido a Surinam con su padre. Él estaba llamado a ser el nuevo diputado-gobernador de la colonia. Sin embargo muere en el viaje desde Inglaterra. La narradora y su familia se establecieron en la casa más bonita de los alrededores, y los encuentros que hace la joven europea con los autóctonos y los esclavos son entrelazados a la historia de los personajes principales. Al finalizar la novela, la narradora abandona Surinam y retorna a Londres.

Estructuralmente, la obra se divide en tres piezas significativas que no discurren de manera estrictamente biográfica. La novela abre con una declaración de veracidad, donde la autora certifica que su obra no constituye un relato de ficción o una historia pedante. Ella afirma haber sido testigo presencial, de no haber adornado el relato y de basarse sólo en la realidad. En la primera parte, se acentúa la descripción de Surinam y de los indios americanos. Aphra Behn ve en estos autóctonos una población sana y simple que todavía parece vivir en la Edad de Oro, como parece probarle el hecho de que precisamente se encuentra oro en esta comarca. Es sólo después de los dos prólogos que la narradora empieza la historia de Oroonoko, con el complot entre su abuelo y el capitán auxiliar, la cautividad de Imoinda y su propia captura. La siguiente pieza está en el presente del narrador, Oroonoko e Imoinda se reúnen, luego encuentran a la narradora y a Trefly. La tercera sección contiene la rebelión de Oroonoko y las consecuencias de ésta.

Oroonoko es ahora lo más estudiado de las novelas de Aphra Behn, pero este no fue aceptado inmediatamente en su propio tiempo. Se vendió bien, pero fue la adaptación para el teatro que hizo Thomas Southerne la que popularizo la historia. Después de su muerte, la novela comenzó a ser leída otra vez, y desde aquel momento en adelante las afirmaciones del narrador de la novela sobre los hechos, y su veracidad y la verdad de toda la trama de la novela, ha sido aceptada y cuestionada con mayor y menor credulidad, ya que la señora Behn no estaba ya disponible para confirmar o desmentir cualquiera de los datos.

No en vano puede ser considerada la primera escritora inglesa profesional, ejerciendo como dramaturga, poeta, novelista y traductora. El hecho de ser mujer y de dedicarse a abastecer con su pluma los gustos de Carlos II y su corte, con el mismo tratamiento y mejor calidad que muchos de los escritores de su tiempo, la convierten no sólo en un precedente de la defensa de la igualdad de la mujer que ya elogiara Virginia Woolf, sino en una autora de reconocida valía literaria.

Pocas personas representan la época y el espíritu de la Restauración como Aphra Behn. Vivió intensamente todos los avatares políticos de la época, como espía y como escritora, siempre al lado de la monarquía. A pesar de sus limitados ingresos económicos, formó parte de la corte, y en su vida privada vivió tan libre e independiente como pudo y la sociedad le permitió. Sus obras reflejan el espíritu libertino de la época sin tapujos y con total honestidad. El protagonista masculino de «El aventurero», Willmore, es uno de esos «realistas» proscritos (seguidores de Carlos I durante la Guerra Civil inglesa) que se vio forzado al exilio y viajó por toda Europa en busca de aventura y fortuna. Willmore persigue a cuanta mujer le pasa por delante, pero tiene que enfrentarse con la actitud desafiante de las protagonistas femeninas, que reflejan con ella la crítica de la autora al sometimiento y la obligación sexual y matrimonial de las mujeres en su época. Los «whigs» son el blanco de las críticas de la autora en «La heredera burguesa»: antimonárquicos y puritanos, eran en realidad unos hipócritas, tan pecadores y lujuriosos, mentirosos y avariciosos, como los realistas.

El traductor Jesús L. Serrano Reyes ha editado en Siruela el libro El príncipe Oroonoko y otros relatos, pues piensa que Aphra Behn "fue una mujer adelantada a su tiempo, que vivió de una manera poco convencional, viajando mucho, poniéndose al servicio del espionaje de la corona inglesa, tratando de vivir desde una libertad sexual, una posición social y profesional que eran algo privativo del sexo masculino en esa época". El investigador recoge una cita de Virginia Woolf, en su obra Una habitación propia , para resaltar la importancia de Aphra Behn. Así, Woolf indica que "todas las mujeres debieran poner flores en la tumba de Aphra Behn", ya que, según Serrano Reyes, es "un ejemplo de luchadora en defensa de la independencia e igualdad de las mujeres".

En este sentido, piensa que Aphra Behn destaca porque "en sus obras aporta la singularidad de ser una mujer la que escribe como lo podía hacer un hombre, pero adoptando ideas y creando personajes femeninos que, de forma adelantada para su época, asumen el protagonismo en temas como el matrimonio y la sexualidad".

El príncipe Oroonoko está considerada como la primera novela que se desarrolla en África y América, además de ser un precedente contra la esclavitud. El libro se compone de doce narraciones con diferente extensión. Entre las más elaboradas se encuentran La hermosa casquivana y El príncipe Oroonoko.


Si Aphra Behn constituye una excepción curiosa a las reglas sociales de la época, hay que destacar tambiénvarios otros ejemplos, como el caso de Robert Gould. Nacido en una familia común y huérfano desde los trece años, Gould no recibió ninguna educación y se convirtió en sirviente al servicio del conde de Dorset. Esto le permitió, no sólo aprender a leer y escribir en inglés sino también en latín. Los poemas que escribió alcanzaron gran popularidad en los años 1680 y 1690. El autor realizó diversas odas para conseguir ingresos pero el éxito le llegó en 1690 con la obra Love Given O'er, or A Satyr Upon Woman. Inspirada en una sátira de Juvenal mucho más moderada, el poema de Gould pretendía condenar el “orgullo, la lascividad y la inconstancia de la mujer” y contenía un número de invectivas explícitas destinadas al género femenino. La misoginia de la obra es una de las más duras y viscerales de toda la poesía inglesa. Todas las ediciones de la obra se agotaron con facilidad gracias al entusiasmo de los lectores. Después escribió una sátira sobre el teatro (Satyr on the Play House) conteniendo descripciones detalladas de los actores y del mundo del espectáculo de la Restauración. Gould siguió explotando el éxito de Love Given O'er: Or a Satyr on the Inconstancy of Woman publicando una serie de poemas misóginos, con contenidos específicos y concretos sobre el comportamiento de la mujer. Sus textos están plagados de damas de la aristocracia que, aún teniendo dinero, prefieren pagar al cochero con una felación, y de mujeres haciendo el amor en un coche donde el placer se multiplica gracias a los saltos del vehículo sobre el pavimento. La carrera del autor fue breve pero muestra la vivacidad de un mundo literario subterráneo e inmensamente sexista. Tras la conversión de John Dryden al catolicismo, Gould entabló una auténtica guerra literaria con él. En Jack Squab ataca de forma despiadada la ausencia de fe de Dryden. Que un simple escritor sin linaje pudiera criticar así a un poeta de la corte es notable. Que además lo hiciera sin contar con el apoyo de su protector es aún más asombroso.

Roger L'Estrange, sin embargo, fue un traductor importante de la época: contribuyó a la traducción al inglés de una gran parte de la literatura clásica, en particular, de las fábulas de Esopo. Estas últimas suscitaron el entusiasmo de escribir nuevas fábulas, normalmente de tono político. Además de poesía, el autor tradujo un gran número de obras en prosa, destacando las de Erasmo de Rotterdam en 1680 y las de Francisco de Quevedo de 1668. Otros, como Richard Blackmore eran admirados por la fuerza de sus palabras, es decir, la fuerza de su declamación y de sus sentimientos, pero no pasaron a la posteridad. Elkannah Settle, por ejemplo, fue un escritor de sátiras prometedor de la Restauración pero su nombre cayó en el olvido. Cuando los libreros se animaron a contratar autores para trabajar en traducciones de obras escogidas, las tiendas se llenaron rápidamente de poemas llegados del extranjero. Por último, paralelamente al desarrollo de las publicaciones periódicas, un cierto número de poetas anónimos pudieron componer textos temáticos referentes a la actualidad.

La forma más extendida de publicación clandestina era la dedicada a la sátira, escrita a menudo por autores conocidos o desconocidos que vigilaban que no se hiciera pública su identidad. Ser identificado como el redactor de una sátira presentaba grandes riesgos: por un lado, las leyes sobre difamación tenían una interpretación muy amplia y era difícil para el autor evitar las actuaciones judiciales si se establecía quien era el autor de un texto que parecía criticar a un miembro de la nobleza; por otra parte, las víctimas más ricas respondían a la sátira contratando secuaces que se encargaban de agredir al autor. Una de las consecuencias de este anonimato generalizado es que numerosos poemas, algunas realmente destacables, no fueron publicados y permanecieron ocultos durante mucho tiempo. Esto afectó sobre todo a los poemas que trataban sobre intrigas de poder, criticaban al gobierno o extendían rumores sobre la conversión de Jaime II de Inglaterra al catolicismo. La mayoría de estas obras no se conservaron.

La prosa de la restauración inglesa estuvo dominada claramente por la literatura de inspiración cristiana. La época, no obstante, vivió también la eclosión de dos géneros que iban a destacar de forma considerable en el siguiente siglo: la ficción y el periodismo. Los escritos religiosos se teñían, a menudo, de tintes políticos o económicos.

Aphra Behn, sin embargo, falleció el 16 de abril de 1689, y fue sepultada en la Abadía de Westminster.

Jorge Collao Galleguillos