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viernes 24 de junio de 2011

ASOMANDO LA CABEZA CON ANDRES.

Los Vilos, 25 de Abril del 2004


   De Andrés Pulgar no se, prácticamente, nada. Algunos años atrás participé como jurado en un concurso convocado por el Instituto Los Fundadores, y hace apenas una semana recibí un llamado telefónico inesperado y sorprendente: uno de los    muchachos
–unos liceanos en aquella época del concurso- me llamaba para solicitarme una introducción para su inminente libro. Ese mismo día, bajo la amenaza de una lluvia que nunca llegó, en plena calle, frente a la fachada del edificio de Los Bomberos de La Serena cruzamos algunas palabras, me entregó un disquete titulado “Planetas Ebrios Entrando en la Sien”, el cual he leído y releído. Son una treintena de textos de los cuales no me atreví a suponer un orden por como fueron registrados digitalmente, lo cual me obligó a no adelantar juicios sobre el futuro libro que saldría de la imprenta. Pero había que, sin embargo, desentrañar la punta de la madeja.
   Hay en  “Planetas Ebrios Entrando en la Sien” una especie de contraste  en donde dos lenguajes se debaten por imponerse uno al otro. Se puede pensar que textos como Petición divina para extirpar demonios, Un Sueño para Claudia y Carolina, Certificado de Pre-defunción, u Oración  entre otros, son textos primarios, conversacionales, casi epistolares si se quiere, pero cargados de una honestidad absoluta “déjame seguir cayendo/ en tu tentación/ y líbrame de todo mal/ menos del tuyo” (Oración), en donde la sintaxis perdura sin riesgo. Pero hay otra vertiente inusitada como en Instrumental, Calvicie, A mediados de Abril, Pasos ciegos o el muy bien logrado De Árboles Quemantes en que el barroquismo de las imágenes –tan manido entre los poetas que no tienen nada que decir- se asoma aquí con una pasión alentadora: “te empaparé de árboles quemantes ( )/ de una travesura de niños muertos ( )/ diagnóstico de ciencia perfecta ( )/ te empaparé de mis armaduras fantasmales ( )/de batallas felinas sobre destrozos intactos / dulzuras aguileñas que en sus respiraciones / prendan fuego a tus naufragios / y cuenten rosa a rosa/ y siglo a siglo / los siete preludios / de mi fugacidad”. Pero hay también un incipiente talento para la construcción de imágenes que es rara en la poesía regional, mas emparentada con la vulgarización de subculturas de elite (de la música como el jazz y el rock, o propios de la misma literatura y sus corrientes, etc.), mas que del  desparpajo de la imagen pura que podría encontrarse quizá en Oscar Elguetta y sobre todo, en Julio Miralles, y que es también mi propia búsqueda (Estrategia de Amaneceres, Ingeniería Rebelde, En Ese Lugar Salvaje, etc.).
   Andrés Pulgar es un poeta de provincia, que duda cabe, y por lo tanto espero que no sufra este destino de muchos, mas todavía en un concierto cultural absolutamente deplorable donde sobreviven honrosas excepciones y los nuevos talentos desaparecen, porque la insidia busca siempre la paja en el ojo ajeno, mas que la barraca completa en los ojos, de los siempre infaltables inquisidores.
   Cuando el Libro salga del horno, habrá que comerlo con mayor fruición.