Esos primeros segundos en que uno toma conciencia de si mismo cada mañana, dependen de los estimulos en un orden casi religioso. Primero es el tacto que te dice cuanto frio hace, o el frío de la persona que estaba a tu lado y que se levantó primero, y te deja esa cierta mezcla de sensaciones, por una parte humillante al sentir que te ganan en la capacidad de enfrentarte al dia, y por ende, a la vida, y por otro, una cierta superioridad al disfrutar algunos minutos mas del calorcillo y ese cierto vaho a pertenencia que le queda uno antes de comenzar, perezosamente, a balbucear los primeros garabatos entre dientes frente al desolado panorama de tener que incorporarse mirando el vapor de agua escurrirse en las ventanas, lo cual te graba a fuego la verdad de que afuera hace un hielo de los mil rediablos. ¿Y porqué finalmente uno gana?...Gana, yo creo, porque pasadas las penurias del vestirse y el ducharse, de conjurar los insoportables tic tacs del reloj segundo a segundo, te tomas un te, o un café, oloroso y caliente, que por mas misterioso que resulte, hace que el tiempo se transforme en un líquido amniotico protector y denso que pasa mas lentamente que de costumbre apretado bajo la puerta que separa nuestra intimidad, de aquella parte de nuestra vida que pertenece a otros. Si estamos solos o acompañados, esta sensaciòn suele no ser muy diferente. Uno como que se apropia de si mismo y, en cuya operación ritual, cada cual tiene sus secretos, que tienen que ver con el dichoso café, con el chaleco de lana, con el sentir la alfombra bajo los pies descalzos, el beso de despedida o de buenos dias, con el sexo alondra, o con echarle una mirada al diario sin leer realmente nada.
Otra cosa es cuando, asilado en ese útero primigenio que es la cama tibia y las suaves sábanas y frazadas, uno aguanta hasta el último segundo y de repente, como si la policia golpeara a nuestra puerta por algún delito que pareciera ser muy grave, empujamos de golpe los cobertores y de golpe tambien nos incorporamos, lanzamos nuestros queridos improperios a media voz, nos vestimos, nos tomamos un vaso de jugo haciendo un par de buches porque a esa hora, el sabor fuerte y violento de la pasta de dientes se hace insoportable, y salimos al mundo, llenos de energia, a lanzar la primera gran chuchada al primero que se la merezca en estas primeras hora despues de levantarse cada dia.
1 comentarios:
mish, jajajajaja... Gracias Jorge Collao por tu comentario, siempre es bueno leer la opinión de un experto, así uno se da cuenta de hasta dónde puede llegar; nunca pensé en pensar que escribo con errores formales imperdonables (nunca he dicho que era formal y quizá el problema está en pensar, en fin), es bueno saberlo, ·poero" (sic, como lo escribes tú) aunque le doy vueltas no creo que ese comentario me cambie ni en el fondo ni en la forma...
Gracias por pasar por mi espacio Maestro, lamentablemente no me considero digno de visitar el tuyo (aunque en verdad, a escondidas le daré una mirada, nada profundo, puede ser que me pierda o maree), nah, mentira, me dedicarè a escuchar a Los Olimareños, a Sabina, Buddy Richard, o algo por el estilo, porque el Sr. Fernández ya me saturó hace un tiempo (junto con Los Jaivas)...
Abrazos...
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