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viernes 24 de junio de 2011

PRESENTACION DEL LIBRO DOBLE.


Por Jorge Alberto Collao
07/09/2008
La Serena.

Reseña del Libro doble recientemente publicado, de los poetas Samuel Núñez, y Gonzalo Hernández (Kundalini). Impreso en Editorial del Norte, con portadas de Núñez, Hernández, y Cecilia Valenzuela. La Serena.
En Las Aguas Novias, Hernández entreteje sobre un bastidor sincrético, sumando a la complejidad de creencias hinduistas, trazos de misticismo arcaico y moderno, simbolismos de raíces griegas, Orishas, prehispánicas, egipcias, teosóficas, cristianas, germánicas, y regionales, logrando una socarrona mirada que atraviesa el equilibrio del descreído, que más allá de las turbadoras erratas, anglizaciones o simple imaginería, arriesga al límite imágenes demasiado circulares, en ritmos peligrosamente disfuncionales que a veces recuerda a traducciones antojadizas, un discurso que no alcanza la coherencia necesaria pero que, sin embargo, acierta en forzar al lector a una cosmogonía personal e intima, poco común en la literatura regional. Así, arponea nuestros temas, persiguiendo un ethos esquivo y prácticamente inexplorado, de una poética que está por escribirse. Ello lo debilita, pero ciertamente abre una cabeza de playa de múltiples guiños abarcadores y, por lo mismo —en cierto sentido— fundacionales. La densidad textual inaugura un corpus para iniciados, que en el soporte compartido con Núñez, tiende a no cumplir su propósito de correlato, salvo quizá en la aridez de la producción local. Pudiera ser que en un contexto más propicio —ajeno al provincialismo serenense— tales audacias encuentren eco, lo que por ahora no parece ser el caso.
En Perdido en un Mundo Perdido, de Núñez, la accesibilidad del lenguaje sumado a una larga trayectoria escritural, lo expone a las debilidades de un discurso recurrente cuyo desgaste permite ciertos puntos altos, donde destella la simpleza asertiva de una cotidianidad agobiante. De una sonoridad tenuemente armónica, en que el ser urbano se expresa poderoso, y de una debilidad coherente que como el mito se Sísifo, solo es el intento, en la fe desnuda, en la vocación de mártir de quien pervive y persigue sin encontrar sino ilusiones del paraíso perdido, mezclados en aciertos estremecedores, o pinceladas traicionadas por la mecánica narrativa en el mismo filo del microcuento. Aunque sus claves pueden hallarse en la tradición poética americana de los cuarentas en adelante, sabe imprimirle la desnudez de alma necesaria para que su lenguaje estremezca y sin embargo, esto no alcanza para que su discurso despegue con brío. Aunque ya lo he dicho antes, la poética de Núñez está más cerca del sentido de la poesía clásica China, que con la irreverencia Beat con la cual se le suele asociar. Núñez, sin embargo, no es un textualizador, como Hernández, sino un apilador de fragmentos de realidad que asume con naturalidad inaudita, la narración de su propio universo cotidiano, en certezas desgarradoras, pero también en textos de íntima catarsis. Más cercano al exteriorismo nicaragüense que a la añoranza Larica de Teillier —que reconoce como influencia, además de Bertoni y los mencionados Beat— Núñez navega entre el caos creativo y la necesaria disciplina textual.
En ambos casos, la provincia mata el diálogo necesario para elevar la potencia creadora hacia significancias más coherentes en donde construir lenguaje. Ambos, junto a un Benito Cortés, a un Oscar Elgueta, Gregorio Moreno o Susana Moya, son hasta ahora los puntos más altos en la búsqueda de un lenguaje de arraigo que signe un territorio propio y único de la poética regional para el mundo.